Imagen

Hola, ¿quieres ser mi amigo? #nosotrasquesomostannormales

Hola, ¿quieres ser mi amigo? #nosotrasquesomostannormales

Este fin de semana he estado pensando mucho en el significado de amigo y en cómo ha ido cambiando eso con el paso del tiempo.
Cuando eres un niño basta con jugar cinco minutos en el parque para que ese niño o niña se convierta en tu mejor amigo. No hay nada como acercarse a otro niño y decirle “hola, ¿quieres ser mi amigo? Y ya está, ya no hace falta nada más, es así de fácil.
Luego pasas al colegio y empiezas a forjar amistades “de toda la vida”, empiezas a tener a tus “mejores amigos” que, con suerte, durarán muchos años. Pasas a la universidad y entablas relaciones con gente que tiene intereses comunes a los tuyos y entonces las amistades se vuelven más selectas, más afines, más “como tú”.
Pero luego llegas al mundo laboral y la cosa empieza a cambiar, te plantas en un trabajo más o menos normal en el que acabas relacionándote con unas 10 personas habituales, quizás alguna más y te das cuenta de que tu círculo cada vez es más pequeño.
Si además has tenido la, llamémoslo desgracia, de irte fuera de tu ciudad a trabajar, o has roto con tu pareja después de muchos años estando juntos, la cosa se complica un poquito más.
A los adultos nos cuesta, en general, hacer amistades nuevas. Somos más puntillosos, somos más exquisitos, tenemos más prejuicios o simplemente, no somos capaces de romper nuestra zona de confort para decirle a alguien: hola, ¿quieres ser mi amigo?
Cada vez hay más gente sola, más gente dispuesta a hacer cosas pero con pocas posibilidades de hacerlo porque no encuentra la gente adecuada. Si te acabas de mudar a una ciudad, suele ser bastante complicado empezar una vida de cero cuando no conoces a nadie. Obviamente hay trucos y formas para superar esto, pero en general, depende de tu carácter y de lo que estés dispuesto a ceder.
Todo el mundo te dice: apúntate al gimnasio, haz algo que te guste… bla, bla, bla. Sí, la teoría es muy sencilla, pero esa gente seguro que no está en la misma situación que tú. Desde mi experiencia, la gente a los gimnasios no va a hacer amigos, como mucho a ligar, pero a hacer amigos no. Categóricamente, no.
Como he dicho antes, lo principal es la predisposición para conocer gente nueva, que a veces es muy necesaria. Cuando ya la tengas, el plan puede ser el siguiente:
1- Haz cosas que te guste hacer: así podrás conocer gente que se divierta con lo mismo que tú, ya sea cantar, correr, escalar, cocinar… las posibilidades son infinitas. Trata de encontrar gente compatible con tu forma de ser, obviamente no es algo que se encuentre en una tarde, pero funciona. Puedes buscar en asociaciones, foros, reuniones, convenciones, internet…

2- Desempolva tu simpatía: Cuando te acerques a alguien, sonríe. Háblale de algún tema referente a la afición que compartes con esa persona. Si tienes cosas en común, es más fácil conectar y escucha lo que esa persona tiene que decirte desde un punto de vista agradable y cercano.

3- Ten Paciencia: en un día no se hacen amigos. Puede costarte varias conversaciones, una película, unos cuantos cafés… poco a poco verás si tu relación con esa persona tiene futuro. Si es así, genial, si no lo es, a seguir buscando!

4- Habla con la gente: cuéntale que te acabas de mudar y no conoces nada, levanta el teléfono para llamar a quien te ha tendido la mano, no seas perezoso y apúntate a los planes que te surjan y trata a la gente como te gustaría que te trataran.

Yo he optado por pensar que no es necesario compartir todo con todo el mundo. Puedes tener muchos amigos para hacer cosas completamente distintas. Puedes tener amigos para ir de compras, para ver el fútbol, para ir a nadar, para tomar unas cañas…, cada uno de ellos puede ser bueno para una cosa en concreto y todos válidos al mismo tiempo.
Con la edad las cosas cambian, pero podemos simplificarlo todo y volver a la niñez y al “hola, ¿quieres ser mi amigo?”

Anuncios
Imagen

Yo no soy mala, es que me han dibujado así.

Yo no soy mala, es que me han dibujado así.

Hay días que las circunstancias te obligan a ser mala por narices.
Todos hemos tenido relaciones míticas. Relaciones que han marcado tu vida sentimental, generalmente para mal, y que han hecho que todas las que has tenido a partir de esa fecha se tambaleen.
Yo, con todo lo normal que soy, no iba a ser menos.
Yo una vez tuve un novio.
Y ese novio un día se murió. Bueno, lo maté. Bueno, se mató él solito. (Siempre metafóricamente hablando, claro).
Pero es que “con todo lo que me quería” tuvo la deferencia de dejarme por teléfono. Que ya lo sé, que no es para tanto, que esas cosas pasan, que podría haber sido peor, eso está claro. Podría haberme dejado por fea, por gorda, o por rubia, pero oye, me dejó por teléfono. A Carrie Bradshaw con todo lo que ella era y lo bonitos que eran sus zapatos, una vez, la dejaron por post-it y eso, quieras que no te traumatiza.
Cuando te pasan esas cosas te sientes furiosa. Primero te culpabilizas, empiezas a intentar encontrarle sentido a tu vida, a tu relación, al motivo por el que te han dejado pero no lo encuentras y te torturas.
Poco a poco te va saliendo la vena de bruja y entonces empiezas a querer que le pasen cosas; que le dejen, que le salga barriga, que se quede calvo, que se convierta en el doctor Spock, todo para sentirte mejor.
Pasa el tiempo y te olvidas, la ira y la furia se convierten en desidia y sólo te acuerdas de eso cuando algo o alguien te lo recuerda, pero un buen día, el azar, las casualidades y las redes sociales te plantan una foto en toda la cara y de repente se dibuja una sonrisa.
Te das cuenta de que el tiempo pone las cosas en su sitio y que ese tío tan guapo con el que salías, se ha transformado, que sólo te sacaba un año pero que ahora parece que al que ves sea un amigo de tu padre. Y la sonrisa crece. Y lo que antes era un leve signo de felicidad, se va convirtiendo en una carcajada. Y no puedes evitar pensar ¡menos mal! Al tiempo que esbozas una sonrisa aún más grande y suena en tu cabeza “qué guapa soy, qué tipo tengo”.
¿mala? Yo no soy mala, es que me han dibujado así.

Imagen

Fíjate que me da a mi que el 2014 va a ser mi año (imagen c) @eltarrodeideas)

Fíjate que me da a mi que el 2014 va a ser mi año (imagen c) @eltarrodeideas)

Se acabó lo bueno, acaban las vacaciones, acaba la navidad y empieza la vida real, la normalidad.
Esa normalidad que imploramos cuando nos dicen de quedar una vez más. No, no puedo más, no quiero comer más, mejor quedamos para un cafelito, ya si eso como en casa y nos vemos después, que yo creo que tanto polvorón no me está sentando bien.
Vuelve el madrugar, el acostarse pronto, el llevar a los niños al colegio, el tener un horario para todo, sobre todo para comer y para dormir, que no sé a vosotros pero a mi tantos días de descanso me desestabilizan totalmente.
Han sido unas vacaciones increíbles. No han sido muy largas, pero lo suficiente como para olvidar completamente mi vida normal.
He tenido tiempo de recuperarme de la gripe, que yo no me iba a escapar, de dormir mucho, de descansar más, de disfrutar de mi cama a la que tanto echo de menos a diario, de pasar tiempo con mi familia, de aplastar mi sofá, de ver tres películas seguidas, de salir, de comer, de beber, de comprar, de recuperar recuerdos, de ver amigos a los que hacía mucho que no veía, de recibir buenas noticias. He tenido tiempo de ilusionarme, de cocinar, de comprar, de decorar, de coser, de regalar, de recibir regalos.
He empezado el año con una sonrisa, rodeada de gente fantástica, recordando mil historias y compartiendo momentos únicos y tardes muy divertidas.
He podido conectarme a internet y escribir, y leer, y disfrutar de mi gente acercándola con skype, y tomarme una copita de ron virtual. He desayunado muy bien acompañada y he bailado hasta el amanecer.
He disfrutado tanto que he vuelto a ser una niña, he patinado, saltado en la cama, me he pintado las uñas de muchos colores, y he conseguido por primera vez el Rey del roscón.
He engordado, eso seguro, pero me he ganado cada gramo a base de quedadas y de momentos de felicidad compartidos.
Y hoy he vuelto a la realidad, me he vestido de rojo para derrochar energía y poder contrarrestar la mala que alguien pudiera enviarme en mi primer día de trabajo y aquí también he recibido buenas noticias.
Leí hace algún tiempo que la felicidad está en las pequeñas cosas y esa filosofía es la que voy a aplicar. Superado mi primer día de trabajo, voy a por un segundo reto, que es mi clase de patinaje hoy, mañana será la báscula, con la confianza de que esos kilos de más se vayan reduciendo poco a poco y enseguida llega el finde. De nuevo tiempo para disfrutar y hacer lo que me parezca.

El 2014 no ha podido empezar mejor, muchas cosas buenas, muchas noticias alegres y muchas cosas que vamos a celebrar durante todo el año.

Como dice El tarro de Ideas en esta imagen, me da a mí que el 2014 va a ser mi año, y si no es, pues que no sea por no intentarlo, ¿no crees?