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Carpe Diem #nosotrasquesomostannormales

Carpe Diem #nosotrasquesomostannormales

Carpe Diem – Tempus fugit

Qué listos eran estos romanos, ¿eh? Tenían frases para casi todo y la verdad es que mucha razón.
Nos hemos metido en una forma de vida en la que el tiempo vale casi más que el dinero, todo nos roba tiempo y nunca lo tenemos para nada.
Nos levantamos ya estresados por no poner el despertador cinco o diez minutos antes, tomamos el café en el coche porque ¡no nos da tiempo!, conducimos con estrés y pitamos e insultamos al de delante porque ha tardado dos segundos en moverse una vez que se ha puesto el semáforo en verde, llegamos al trabajo y nos metemos en reuniones, conferencias, charlas, citas, visitas, etc. que nos obligan a estar pendientes del reloj todo el día. Comemos en cinco minutos y nos enfadamos cuando el del restaurante se demora un poco en traer la cuenta, salimos del trabajo corriendo para ir al gimnasio a correr y desestresarnos, y quitar ese nerviosismo que llevamos acumulado de todo el día y llegamos a casa y hay que cenar y como ya es muy tarde, cenas cualquier cosa y te pones un rato a ver la tele (este es mi caso) pero no me quiero imaginar si a toda esa vida incluyes un marido o unos hijos con sus actividades extraescolares, la cena, el baño, acostarles… cuando te vas a la cama son las doce de la noche, porque aunque llevas diciendo tres meses que te vas a ir a la cama a las diez, sigues sin poder hacerlo porque ¡no te da tiempo! Y te acuestas, y mentalmente sigues repasando tu día y todas las cosas que no te ha dado tiempo a terminar y te despiertas en mitad de la noche para enviarte un e-mail para no olvidarte de hacer algo súper importante para el día siguiente.

Y de repente te paras, respiras profundo, y analizas qué estás haciendo, cómo se te va la vida entre reuniones, prisas, atascos, cafés rápidos y decides que no quieres vivir así, que tienes que empezar a vivir más despacio y a disfrutar de cada uno de los momentos del día. Que no pasa nada si te levantas diez minutos antes y sales de casa dando un paseo, que hay tiempo para todo y que si el día tiene 24 horas, sólo es cuestión de organizarse.
Hay veces que es tu cuerpo el que te dice que pares, empieza a lanzarte señales mediante granos, ronchas, uñas que se caen, pelo que se estropea, pequeños tics en el ojo.., hasta que un día se harta de que no le hagas caso y te obliga a que de una vez por todas descanses, en casa o en el hospital y te tomes las cosas de otra manera.
Otras veces eres tú mismo, porque has tenido algún caso complicado, has vivido una experiencia difícil o has perdido algún ser querido recientemente, el que voluntariamente empieza a priorizar.
Y cuando eso sucede, ves la relatividad de las cosas, le das importancia a lo que realmente la tiene y empiezas a plantearte si no se te está yendo la vida demasiado rápido. Si no te estás perdiendo algo entre tanto agobio. Empiezas a disfrutar de un amanecer, de una cerveza mirando al mar, de un café en buena compañía. Bailas como si nadie te estuviera viendo cuando suena tu canción favorita, dices más veces a la gente que la quieres. Y aprendes a vivir más despacio, disfrutando cada minuto, sonriendo con cada cosa bonita que te ocurre, dedicándole tiempo a las cosas que de verdad importan.

Hay que dedicarse a disfrutar del momento, al carpe diem, pero aprovechando el tiempo con calidad. Descubriendo sensaciones, conociendo personas fascinantes y dejándote llevar por cada cosa nueva, cada curiosidad, para que si hoy fuera el último día de tu vida, puedas decir que realmente disfrutaste cada segundo que viviste.

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