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Políticos vs mujeres #nosotrasquesomostannormales

Políticos vs mujeres #nosotrasquesomostannormales

Pensaba que ya había cosas en la vida social que empezábamos a superar, que el tema de la diferencia entre hombres y mujeres en ciertos ámbitos estaba más que solucionado, pero cuando veo determinadas cosas en televisión o las vivo en primera persona, se me cae el alma a los pies.
Es obvio que hombres y mujeres somos diferentes, pensamos diferente, actuamos diferente y vivimos de forma diferente, pero es que esto también pasa entre hombres y hombres y entre mujeres y mujeres.
Por lo general, ellos son más fuertes que nosotras y por lo general, nosotras somos más sensibles que ellos. Si seguimos generalizando, nosotras nos centramos más en los sentimientos y ellos se centran más en el sexo, repito, por lo general. Esto es debido a que por el hecho de ser mamíferos, el macho busca reproducirse en cuantas más hembras mejor y la hembra busca que esa reproducción se haga buscando al mejor macho posible para que el ser que nazca sea fuerte y sobreviva en las mejores condiciones.
Cuando pienso en nuestras diferencias, cada vez menos notorias, pero existentes aún, me llama la atención. Me sorprende que desempeñando un mismo puesto, por norma seamos peor pagadas; me alucina que no haya prácticamente mujeres en altos cargos, quizás porque se nos critica por casi todos los puntos, es duro ser mujer y decir que no quieres ser madre, porque no es lo habitual, y más duro aún es serlo y que te critiquen por “desentenderte” de tus hijos porque estás trabajando todo el día.
Pero lo que me llama la atención poderosamente es que a día de hoy, en televisión, se permita que un político insulte a su rival en un debate porque es mujer.
Miguel Arias Cañete, candidato a las elecciones europeas por el Partido Popular, afirmó que “un debate político entre un hombre y una mujer es muy complicado, porque si el hombre demuestra superioridad intelectual o la que sea, da una impresión machista ante una mujer indefensa”.
No hay frase que suelte este señor que no sea para levantarse y pegarle dos sopapos a ver si espabila. Está claro quien queda indefenso con su “superioridad intelectual”. ¿Y lo mejor de todo sabéis lo que es? Que en su partido esto ha pasado desapercibido, igual que sucedió con el tema del aborto.
No me creo que no haya ninguna mujer en su partido que no se haya sentido ofendida por este comentario, no acepto que ninguna militante del PP no haya tenido ganas de darle un sopapo como las que me entraron a mí y, siguiendo en esa línea, no me creo que todas las mujeres del PP estén de acuerdo con que sean otros los que decidan lo que pueden o no hacer con su cuerpo sin pensar en lo que realmente opinan ellas.
Señores y sobre todo señoras del Partido Popular, ¿de verdad creen ustedes que esto funciona así? ¿de verdad piensan que nos vamos a dejar ningunear por dinosaurios como este señor? ¿en serio confían en poder ganar con semejante troglodita?

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¿Te acuerdas de tu amor platónico? #nosotrasquesomostannormales

¿Te acuerdas de tu amor platónico?
El otro día hablaba de los amores. Hice un comentario sobre los amores en la infancia y en la juventud y lo importantes que eran para nosotros y hoy me he encontrado con este vídeo.
Me ha hecho pensar en mis amores platónicos, esos que han marcado un punto de inflexión en mi vida. En cómo viví esos momentos, esas miradas, esos gestos, palabras, etc.
Qué hubiera pasado si nos hubiéramos atrevido a decirnos todo en el momento adecuado, qué ocurriría si se pudiera volver atrás, qué sucedería si nos volviéramos a ver después de tantos años…
Hoy es el futuro por el que te preocupabas ayer y es el pasado que recordarás mañana. ¿no estaría bien recordarlo con una sonrisa?

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Curiosidades del amor #nosotrasquesomostannormales

Curiosidades del amor #nosotrasquesomostannormales

Qué curioso es el amor, ¿verdad? Más que el amor, las relaciones personales con cierta carga sentimental.
Nos enamoramos o nos sentimos atraídos de personas de lo más vario pintas. Y este tipo de atracción cambia con la edad. Cuando somos pequeños tenemos un novio y es muy fácil. Alguien de tu clase te dice que si quieres ser su novio y tú dices que sí o que no. Generalmente es un sí. Y puedes tener varios novios y normalmente los otros no se enfadan, lo aceptan y ya, todos felices.
Vas creciendo y entonces empiezas a fijarte en los guapos de tu clase. Y solo en eso, en que sean guapos. Normalmente los más guapos son los más chuletas, los más populares y los más deportistas y tú puedes sufrir dos cosas, que ese “gusto” sea correspondido o que no lo sea. Si lo es, genial. Si no lo es, pues sufres el enamoramiento enfermizo de la juventud donde cualquier palabra, gesto o insinuación dan para escribir diez hojas de tu diario y te conviertes en una drama queen. Porque no nos engañemos, los amores de juventud son los más sufridos, los más llorados y los más vividos, como si el mundo se acabara con 15 años y nunca más fueras a encontrar a nadie como esa persona.
El tiempo pasa, vas creciendo, y al guaperas le pides algo más, le pides que además de guapo sea simpático, después añades que tenga aspiraciones, que quiera estudiar, que quiera trabajar, que tenga inquietudes… Pero seguimos avanzando y ya no te conformas con eso, quieres que sea buena persona, que sea trabajador, que no tenga vicios graves, que no te avergüence delante de tus amigos, y conforme nos hacemos más mayores, que no tenga hijos, que no esté casado, etc, etc, etc.
Cada vez se complica más y más la cosa y no solo porque cada vez exiges más, sino porque tú también evolucionas y no quieres que ocupen tu espacio, que te den consejos sobre cómo vestir, que te limiten las libertades que tenías hasta la fecha.
Llega un momento en el que más que una relación como tal, se convierte en una adaptación o acuerdo entre dos personas sobre hasta dónde aceptamos mover nuestros límites. Y dejas de darle tanta importancia al físico, aunque sí valoras mucho la atracción sexual. Y quieres que esa persona sea tu compañero y permites que alguien que físicamente, en principio, no te gustaría, empiece a tener su lado bello, bien porque se va embelleciendo con el paso del tiempo, bien porque el resto de virtudes de esa persona suplen con creces lo que un físico te puede ofrecer.
Me gustan los hombres que me retan intelectualmente, siempre que eso no me haga sentir inferior ante ellos; me gustan los hombres que me invitan a cenar, que me roban un beso, que tienen claro lo que quieren y cómo encajas tú en su vida, que no están quietos, que se emocionan con los niños, aunque en principio les de alergia pensar en los suyos, que se preguntan cosas, que me hacen interesarme por cosas que nunca antes había conocido, que saben decir un piropo a tiempo, que sacan su masculinidad cuando toca, que no tienen pereza para hacer o decir, que siempre ponen una nota de humor en lo que hacen y que de repente te sorprenden porque sí.