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Que vivan las celebraciones de San Valentín

Yo no soy mucho de celebrar San Valentín. Uno, porque siempre me han parecido una tontería y dos, porque aunque quisiera, no tengo con quién celebrarlas, así que me aguanto.

Pero es que he visto esto y no me he podido contener. Tenía que compartirlo con vosotros. Qué le pasa a esta gente? Qué definición tienen ellos de romanticismo o gesto romántico???

Probablemente yo saldría huyendo si mi pareja hiciera algo parecido y viviría riendo eternamente recordando el ridículo compartido.

A veces un gesto romántico puede superar todas tus expectativas, no siempre para bien.

Feliz semana del amor a todos.

http://www.buzzfeed.com/gretaalvarez/mejor-solo-que-mal-acompanado

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Vídeo

¿Te acuerdas de tu amor platónico? #nosotrasquesomostannormales

¿Te acuerdas de tu amor platónico?
El otro día hablaba de los amores. Hice un comentario sobre los amores en la infancia y en la juventud y lo importantes que eran para nosotros y hoy me he encontrado con este vídeo.
Me ha hecho pensar en mis amores platónicos, esos que han marcado un punto de inflexión en mi vida. En cómo viví esos momentos, esas miradas, esos gestos, palabras, etc.
Qué hubiera pasado si nos hubiéramos atrevido a decirnos todo en el momento adecuado, qué ocurriría si se pudiera volver atrás, qué sucedería si nos volviéramos a ver después de tantos años…
Hoy es el futuro por el que te preocupabas ayer y es el pasado que recordarás mañana. ¿no estaría bien recordarlo con una sonrisa?

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Curiosidades del amor #nosotrasquesomostannormales

Curiosidades del amor #nosotrasquesomostannormales

Qué curioso es el amor, ¿verdad? Más que el amor, las relaciones personales con cierta carga sentimental.
Nos enamoramos o nos sentimos atraídos de personas de lo más vario pintas. Y este tipo de atracción cambia con la edad. Cuando somos pequeños tenemos un novio y es muy fácil. Alguien de tu clase te dice que si quieres ser su novio y tú dices que sí o que no. Generalmente es un sí. Y puedes tener varios novios y normalmente los otros no se enfadan, lo aceptan y ya, todos felices.
Vas creciendo y entonces empiezas a fijarte en los guapos de tu clase. Y solo en eso, en que sean guapos. Normalmente los más guapos son los más chuletas, los más populares y los más deportistas y tú puedes sufrir dos cosas, que ese “gusto” sea correspondido o que no lo sea. Si lo es, genial. Si no lo es, pues sufres el enamoramiento enfermizo de la juventud donde cualquier palabra, gesto o insinuación dan para escribir diez hojas de tu diario y te conviertes en una drama queen. Porque no nos engañemos, los amores de juventud son los más sufridos, los más llorados y los más vividos, como si el mundo se acabara con 15 años y nunca más fueras a encontrar a nadie como esa persona.
El tiempo pasa, vas creciendo, y al guaperas le pides algo más, le pides que además de guapo sea simpático, después añades que tenga aspiraciones, que quiera estudiar, que quiera trabajar, que tenga inquietudes… Pero seguimos avanzando y ya no te conformas con eso, quieres que sea buena persona, que sea trabajador, que no tenga vicios graves, que no te avergüence delante de tus amigos, y conforme nos hacemos más mayores, que no tenga hijos, que no esté casado, etc, etc, etc.
Cada vez se complica más y más la cosa y no solo porque cada vez exiges más, sino porque tú también evolucionas y no quieres que ocupen tu espacio, que te den consejos sobre cómo vestir, que te limiten las libertades que tenías hasta la fecha.
Llega un momento en el que más que una relación como tal, se convierte en una adaptación o acuerdo entre dos personas sobre hasta dónde aceptamos mover nuestros límites. Y dejas de darle tanta importancia al físico, aunque sí valoras mucho la atracción sexual. Y quieres que esa persona sea tu compañero y permites que alguien que físicamente, en principio, no te gustaría, empiece a tener su lado bello, bien porque se va embelleciendo con el paso del tiempo, bien porque el resto de virtudes de esa persona suplen con creces lo que un físico te puede ofrecer.
Me gustan los hombres que me retan intelectualmente, siempre que eso no me haga sentir inferior ante ellos; me gustan los hombres que me invitan a cenar, que me roban un beso, que tienen claro lo que quieren y cómo encajas tú en su vida, que no están quietos, que se emocionan con los niños, aunque en principio les de alergia pensar en los suyos, que se preguntan cosas, que me hacen interesarme por cosas que nunca antes había conocido, que saben decir un piropo a tiempo, que sacan su masculinidad cuando toca, que no tienen pereza para hacer o decir, que siempre ponen una nota de humor en lo que hacen y que de repente te sorprenden porque sí.

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All you need is love? #nosotrasquesomostannormales

All you need is love? #nosotrasquesomostannormales

Se acerca San Valentín y tengo que decir que esta fecha me produce urticaria. Así, en general, de siempre.
Las malas mentes pensarán que es porque no estoy enamorada, y puede ser, pero es que cuando lo estaba, también rechazaba esta fecha. Y creo que sólo la he celebrado (en plan romántico) una vez en mi vida y fue una cena para olvidar, cuatro parejas y una suegra, no digo más.
Yo no soy una chica, chica, es decir, odio el rosa, no soy muy cariñosa, me superan un poco las muestras de afecto públicas y no me creo las parejas que no discuten nunca y que siempre se llaman “cari”, “churri” o similares.
Cada vez que oigo repetido un “cariño” me sale una frase que han dicho mis padres hasta la saciedad: “cariño te digo, joder(te) quiero” tú puedes ponerle la coma y el “te” donde quieras, a mí me sale así.
No me creo las historias románticas que nos presentan en las pelis “para chicas” (de las que soy consumidora y con las que sufro y lloro al menos una vez al mes) y no me creo las historias de Disney, las que, por cierto, han hecho mucho, mucho daño.

Peeeeero, me gusta el hecho de que la gente se quiera y de que, aunque sea un día en el año, algunas personas hagan un esfuerzo por agradar a su ser querido y piensen en algún detallito, salgan a cenar y se pongan un poco romanticones para seguir celebrando que se quieren, o que algún día lo hicieron.
El año pasado celebré San Valentín, con mi pareja preferida. Fue una celebración peculiar, pero nos valió como excusa para salir a tomar algo y disfrutar un ratito entre amigos. Al llegar a casa, el hombre de mi vida me había hecho un regalazo, un pedazo de iphone 5 que quita el sentío. Pero es que Él es mi amore y mi amor por Él durará para siempre.
Y puestos a celebrarlo, vamos a hacerlo como se merece, con cualquier excusa, pero si es posible, huid del rosa, de los corazones y de todas esas cosas típicas que tan saturados nos tienen. Si quieres detalles de cómo hacerlo un poquito mejor, te dejo el enlace de una página sorprendente.

http://sorprenderesfacil.es/category/regalando

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Yo no soy mala, es que me han dibujado así.

Yo no soy mala, es que me han dibujado así.

Hay días que las circunstancias te obligan a ser mala por narices.
Todos hemos tenido relaciones míticas. Relaciones que han marcado tu vida sentimental, generalmente para mal, y que han hecho que todas las que has tenido a partir de esa fecha se tambaleen.
Yo, con todo lo normal que soy, no iba a ser menos.
Yo una vez tuve un novio.
Y ese novio un día se murió. Bueno, lo maté. Bueno, se mató él solito. (Siempre metafóricamente hablando, claro).
Pero es que “con todo lo que me quería” tuvo la deferencia de dejarme por teléfono. Que ya lo sé, que no es para tanto, que esas cosas pasan, que podría haber sido peor, eso está claro. Podría haberme dejado por fea, por gorda, o por rubia, pero oye, me dejó por teléfono. A Carrie Bradshaw con todo lo que ella era y lo bonitos que eran sus zapatos, una vez, la dejaron por post-it y eso, quieras que no te traumatiza.
Cuando te pasan esas cosas te sientes furiosa. Primero te culpabilizas, empiezas a intentar encontrarle sentido a tu vida, a tu relación, al motivo por el que te han dejado pero no lo encuentras y te torturas.
Poco a poco te va saliendo la vena de bruja y entonces empiezas a querer que le pasen cosas; que le dejen, que le salga barriga, que se quede calvo, que se convierta en el doctor Spock, todo para sentirte mejor.
Pasa el tiempo y te olvidas, la ira y la furia se convierten en desidia y sólo te acuerdas de eso cuando algo o alguien te lo recuerda, pero un buen día, el azar, las casualidades y las redes sociales te plantan una foto en toda la cara y de repente se dibuja una sonrisa.
Te das cuenta de que el tiempo pone las cosas en su sitio y que ese tío tan guapo con el que salías, se ha transformado, que sólo te sacaba un año pero que ahora parece que al que ves sea un amigo de tu padre. Y la sonrisa crece. Y lo que antes era un leve signo de felicidad, se va convirtiendo en una carcajada. Y no puedes evitar pensar ¡menos mal! Al tiempo que esbozas una sonrisa aún más grande y suena en tu cabeza “qué guapa soy, qué tipo tengo”.
¿mala? Yo no soy mala, es que me han dibujado así.